Museo Hombroich, Neuss

Museo Hombroich, Neuss


En Hombroich, una zona pantanosa situada alrededor de una isla del río Erft próxima a la ciudad alemana de Neuss, un coleccionista de Düsseldorf llamado Karl Heinrich Müller quiso hacer realidad el viejo ideal de Cézanne de poner al arte en paralelo con la naturaleza. Este financiero alemán se propuso construir un lugar donde mostrar su colección de arte, adquirida a lo largo de múltiples viajes y en 1982 compró una propiedad de 25 hectáreas, asolada por una actividad industrial previa, pero que tenía una historia especial. Allí permanecía, en estado de abandono y rodeada por un jardín inglés de pinos, robles y sicómoros, una villa del siglo XIX conocida con el nombre de ‘Casa Rosa’, construida por un industrial oriundo de Wuppertal en 1816. En este lugar fascinante y con el apoyo de un grupo de amigos — entre ellos el escultor Anatol Herzfeld, el paisajista Bernhard Korte, el experto en arte Samy Tanca y el filósofo Paul Good— se ha recreado un mundo en el que todos los elementos —paisaje, naturaleza, arquitectura y arte— coexisten en un continuo y fluido diálogo.

El museo propone un paseo al aire libre por una naturaleza regenerada. Caminos de grava, arroyos, pasarelas, setos y esculturas guían a los visitantes entre los nuevos pabellones construidos en un paisaje fantástico de bosque, monte bajo y zonas pantanosas. Con unas geometrías precisas de carácter primario, estos pabellones —cada uno con una forma y una función diferentes—pueden ser contemplados como objetos en sí mismos o como espacios que albergan las piezas de la colección Müller.

Correspondencias culturales
Se quieren transmitir así ideas en tomo a la escultura y a los espacios para el arte a través de percepciones básicas de luz, color y sonido. En todos los pabellones se ha optado por la iluminación natural, cenital y a través de ventanas que enmarcan la naturaleza. Los materiales empleados en la construcción son pobres y en una gama restringida: ladrillos reciclados de Holanda, acero galvanizado, vidrio, tableros de madera de pino y mármol blanco.

La filosofía de la instalación museográfica tiene el propósito de establecer un juego de correspondencias entre obras, culturas y periodos, prescindiendo del orden académico habitual: esculturas de Oceania conviven con collages de Kurt Schwitters; estatuas Khmer con pinturas de Jean Fautrier; porcelana Ming con objetos de Jean Arp; y máscaras africanas con muebles modernos, expresando así una visión subjetiva del arte cuyo objetivo último es el puro placer estético.

Pero las intenciones de Karl Heinrich Müller van más allá, porque también aspira a completar su proyecto con la unión del arte y la ciencia. Al otro lado de la carretera que da acceso al museo de la isla y en los hangares restaurados de una antigua base militar de la OTAN adquirida en 1994, viven y trabajan ya pintores, poetas y compositores, al tiempo que se lleva a cabo la regeneración del lugar. Arquitectos de distintos países entre los que se encuentran el austríaco Raimund Abraham, el japonés Tadao Ando y el portugués Alvaro Siza construirán pronto otros edificios cuya forma, emplazamiento y programa —investigación y desarrollo cultural— pondrán de manifiesto el lugar asignado a la arquitectura, las artes ciencias en este final del milenio...[+]


Obra
Museo Hombroich.

Cliente
Karl Heinrich Müller.

Autor
Erwin Heerich (escultor).

Paisajismo
Bernard Korte.

Museografía
Gotthard Graubner.

Fotos
Tomás Riehle / CONTUR.