Actualidad 

Notre-Dame de París

El corazón del corazón

Dominique Perrault 
31/05/2019


Notre-Dame, el corazón del corazón de París, el tesoro de la Isla de la Cité, acaba de sufrir uno de los momentos más difíciles de su larga historia. En todas las tierras y culturas del mundo, este drama nos deja sin palabras: toca nuestros corazones y atrae la mirada de todos. Nos recuerda que la arquitectura, como cualquier artefacto, es algo frágil. Notre-Dame es la prueba trágica de lo indispensable que es la conservación de nuestro rico patrimonio construido, de las huellas tangibles de las grandes cotas alcanzadas por la artesanía, doquiera que estas se hallen. Esta herida incandescente también revela la dimensión emocional de la arquitectura y en qué medida su valor cultural universal, su fuerza simbólica única y su carácter mítico alimentan las artes, la literatura y la geografía personal de cada individuo.

Notre-Dame es un lugar absolutamente único situado en el corazón de la Isla de la Cité, que, desde la Lutetia romana hasta el Gran París, ha sido un territorio en sí mismo. El desastre ha despertado una inmensa ola de emociones en los corazones de los arquitectos que cada día construyen y reconstruyen la historia de la arquitectura. Este desastre me ha tocado de manera especial, pues en 2015 se me encargó estudiar a fondo los medios para garantizar la centralidad urbana de la Isla de la Cité; un trabajo que realicé en colaboración con Philippe Belaval, presidente del Centro Nacional de Monumentos. Philippe y yo hicimos de este ‘monumento-isla’ incluido en la Lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO el foco de la investigación y la experimentación sobre el futuro de la isla, abierto a la participación del público.

La reconstrucción de Notre-Dame será una tarea extremadamente delicada, y no debemos desalentarnos por la pérdida de la cubierta medieval de madera, también conocida como ‘el bosque’. Nuestra herencia es una sedimentación depositada a lo largo de los siglos; cada época ha dejado su huella en la catedral. Como escribió Victor Hugo en su novela sobre Notre-Dame, “cada ola de tiempo supera su aluvión”. El edificio deberá reconstruirse, pero sin alterar la esencia de su condición patrimonial. Por tanto, nos veremos obligados a revisar completamente la relación con nuestro patrimonio y a creer en su capacidad para la resiliencia. Notre-Dame, en este sentido, debe vivir de nuevo, y la mejor manera de protegerla es verla a través de una perspectiva de futuro en la cual, por medio de la belleza, se podrá trascender la simple restitución de lo dañado.

Por todo ello, la energía única que se desprende del lugar deberá ser reunida para devolverle al edificio una presencia que será aún más poderosa, para dotarle de una resonancia más amplia que lo transfigurará, amplificándolo, en otra cosa. Una vez más, Notre-Dame y su isla deberán encarnar el corazón de una ciudad que se ha convertido en una gran metrópolis. Es un reto fascinante.

Dominique Perrault, arquitecto, es autor del Plan de Renovación de la Isla de la Cité, en París.


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