(1955-2000)

Fugaz y brillante como la estela de los fuegos de artificio, la vida de Enric Miralles ha concluido de forma tan precoz e inesperada como irrumpió su talento en la escena disciplinar barcelonesa de los años ochenta. Profesor de la ETSAB y de la Städel Schule de Frankfurt con apenas treinta años, aportó con las instalaciones de tiro con arco en la Ciudad Condal o el centro cívico de Hostalets, proyectados junto a Carme Pinós, el contrapunto visceral y exuberante a la Barcelona minimalista que se preparaba para los fastos olímpicos. Con obras hechas de fragmentos y discursos superpuestos que funden en collages los elementos del contexto, su obra despliega una interpretación no narrativa del paisaje que ha seducido a instituciones y promotores más allá de nuestras fronteras. Junto a su segunda mujer y socia, Benedetta Tagliabue, ha trabajado frenéticamente durante la última década en obras como las viviendas en el puerto de Amsterdam o la Escuela Superior de Música de Hamburgo, así como en el Parlamento de Edimburgo, un ambicioso proyecto que el arquitecto catalán no verá terminado. Desde el 3 de julio sus restos descansan en el cementerio de Igualada, quizá su obra más lograda.


Etiquetas incluidas: